«Somos temerosos de lo que nos hace diferentes». Anne Rice.
Las personas ambiciosas que han dedicado su vida a amasar grandes fortunas, y, han podido disfrutar de una vida plena y llena de abundancia, solo desean, cuando comienza su debacle, poder comprar un poco más de tiempo; sin embargo, el sueño de aquel que nada poseyó, que incluso malgastó su efímera vida con distracciones banales, no es otro que adquirir bienes materiales y disfrutarlos cuando al fin llegue la senectud.
Sin embargo, el tiempo nos atrapa a todos al final, ¿no es cierto?, y, entonces, solo nos queda mirar hacia atrás y preguntarnos: ¿qué demonios hice con mi vida?
Pero solo somos simples mortales, y esas notables diferencias que hay entre nosotros son lo que nos aleja de parecernos –Dios nos libre– a las máquinas del futuro de las películas de ciencia ficción.
Aunque claramente soy humana, no puedo clasificarme como rica o como pobre, ambiciosa o perezosa; solo soy una soñadora con la certeza de que su tiempo lo invirtió en llegar a ser, una escritora reconocida. Y por muchas dificultades que encontré en mi camino, en ello sigo.
Como escritora, reflexiono filosófica y profundamente sobre una vida que va más allá de los estándares conocidos. Para mí no existen las barreras del tiempo, ni siquiera las que levanta la propia muerte; recorrer en un chasquido de dedos las distancias entre continentes, no tienen ningún misterio; hablar con seres que habitan otras dimensiones, nunca me pareció descabellado; descubrir otros mundos que están ocultos en éste, para mí es algo natural; poner voz a los que han traspasado los límites del bien y del mal, me resulta excitante. ¿Por qué? Porque soy escritora de ficción literaria, y mi mundo siempre se ha movido entre lo descabellado y lo políticamente incorrecto, creando como resultado, historias de una atmósfera literaria única, pues solo nos pertenecen a mis personajes y a mí.
¿Por qué ficción? ¿Acaso la vida real no es suficiente? La verdad es que nunca lo ha sido, ¡demasiadas limitaciones! Soy consciente de que siempre he creado mi propio universo y me muevo fácilmente a través de él. Nunca me han gustado las personas ordinarias, cargando con sus vidas ordinarias, fácilmente predecibles, no teniendo nada que aportar a la historia, porque la vida siempre son historias que contar. Yo disfruto analizando las mentes más perturbadas y oscuras, pues creo que ese tipo de personaje posee una profundidad y una complejidad que atrapa desde un primer momento al lector, precisamente porque se encuentra fuera de su rango de comprensión.
Pongo como ejemplo mi última novela “Dios no camina por Dragoon Mountains”. Noah, personaje que se esconde tras “el portador de la luz”, también llamado Lucifer, habla en profundidad de cómo son sus más profundos sentimientos y anhelos, los pone sobre la mesa, y nosotros, como meros espectadores, escuchamos en silencio el porqué de sus decisiones y cómo le afectaron, no solo a él, sino al resto de los que se rebelaron contra unas normas que, sencillamente, no eran justas. Es una historia que se mueve entre continentes, con el telón de fondo de la crisis medioambiental, con una más que probable guerra por el control del Ártico, con un nuevo y desconcertante papado, salpicada de magia ancestral que desafía los límites del tiempo… pero lo más importante, muestra el interior de un ser puro acusado injustamente de sembrar el mal en la Tierra.
La ficción literaria me ayuda, como escritora, a llevar mis propias dudas y reflexiones, y exponerlas en un tablero de juegos, permitiendo que sean los personajes quienes se enfrenten a mis propios demonios. Yo pongo las piezas, y ellos juegan la partida. Jaque mate.
MC GALLARDO
Fotografía: Sueño conciente
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