Ser leyenda no solamente es ser una estrella de cine o un futbolista de élite.
Ser leyenda también puede ser dejar un bonito recuerdo, una buena impresión, que será recordada en el tiempo. Ser leyenda es dejar huella allá por donde hayas pasado siguiendo tus principios y valores sin necesidad de competir con nadie, La competitividad basada en pasar por encima de los demás para alcanzar una meta es síndrome de escasez y no irá más allá de un triunfo pobre y efímero.
Una terna siniestra
Recuerdo hace ya unos años, en las oficinas del cliente donde trabajaba por entonces, vino a hacernos una visita un individuo de la empresa adjudicataria del servicio para el que nos habían contratado. Tenía una categoría de esas que gustan ahora, con muchos anglicismos para aparentar algo importante, sobre todo los que se acomplejan de decirlo en castellano; algo así como “Technical-Service Manager-Director de no se qué”. En fin, “mucho ruido y pocas nueces”.
La conversación fue como otras veces, superflua y bastante vacía, pero tanto a uno de mis compañeros como a mí nos sorprendió como hablaba este señor sobre la “Ciberseguridad”, que en aquel tiempo era algo bastante novedoso pero que a la mayoría ya nos sonaba bastante (suficiente con haberse leído algún artículo en cualquier revista de Tecnología).
Pues bien, a este señor le llamaba la atención dicha palabreja. “¿Qué significará?“, se preguntaba. De forma sorprendente le nombraron “Director de Ciberseguridad” pocos meses después de habernos expresado que no tenía ni idea sobre el tema. ¡Asombroso! 😦
También recuerdo a un segundo actor, el pícaro ventajista, un soldado de fortuna experto en el trapicheo y en la cultura de dar poco y beneficiarse mucho. Por otra parte, de forma vulgar, parecía que “había nacido con una flor en el culo”.
Todo parecía venirle rodado en la vida o…, al menos esa es la impresión que daba. El caso es que casi sin darse cuenta se había creado un chiringuito subvencionado también por la empresa en detrimento del resto del personal que dependía de él, al que nunca llegaba la distribución de beneficios.
La tercera figura, menos relevante, era la del acomplejado. Nunca haría nada para ayudar a nadie por miedo a salir al final perjudicado. Podría haber sido una pieza clave para colaborar a desmontar el chiringuito que mencionaba anteriormente y haber saneado el lugar, pero como no le afectaba personalmente, se quitó de en medio rápido. No estaba dispuesto a luchar por nada ni por nadie.
Esta situación es totalmente extrapolable a muchos ámbitos, incluso a nivel de administraciones. Cargos nombrados “a dedo”, destino dudoso de fondos y personajes oscuros cómodamente sentados en sus despachos, que a menudo no participan directamente pero a los que les cae también una parte importante de un pastel apetitoso pero que a veces a algunos puede llegar a resultar indigesto. 🙄
Así que todo continuó igual durante una larga temporada, salvo que yo no pude continuar trabajando en ese lugar ya que fui “invitado” a abandonarlo, aunque si no hubiera sido de esta forma, posiblemente la decisión habría sido tomada por mí mismo en pocos meses, ya que en aquellos momentos parece que mi energía debía de cambiar el foco hacia otras inquietudes.
La zona crepuscular
“La Zona Crepuscular” (“The Twilight Zone“), más conocida en España como “Dimensión desconocida” fue una serie de televisión norteamericana mezcla de Suspense, Ciencia-Ficción y Fantasía, que contó con prestigiosos guionistas y se emitió en varias temporadas. En ella se trataba el comportamiento humano visto desde un punto de vista moral. Una crítica a la sociedad, en definitiva. Siempre con un final sorprendente.
Años más tarde, aquel antiguo compañero, ya convertido en un amigo como pocos y que nunca deja de sorprenderme, me llamó por teléfono preguntándome si me habían pitado los oídos durante el día, puesto que mi nombre había sonado con insistencia en aquel ambiente de trabajo en el que habíamos compartido momentos duros pero también muchas risas.
Se hablaba todavía bien de mi paso por aquella instalación, incluso había gente que me echaba de menos y a alguno que otro le picaba la curiosidad por el devenir de mis pasos.
Sin embargo, fue el destino de los tres individuos que mencionaba anteriormente el que me hizo recordar esa “Zona Crepuscular” en la que habían entrado y que había reservado para ellos algunas sorpresas que bien hubieran valido otro interesante episodio más de aquella serie.
- Para el primero inventaron en la empresa otros cargos atendiendo a las modas que iban surgiendo, como director del Metaverso y de Inteligencia Artificial, y otros que vaya Vd. a saber. (¡Que despilfarro de puestos inventados sin ningún contenido!). Aunque lo más grotesco es lo que algunos cuentan sobre su estilo de vida. Este era tan sedentario, opulento y desordenado, que rompía más camisas que “El increíble Hulk”, no por su físico atlético precisamente, sino por un abdomen tan prominente que llegó a tal extremo que no llegó a verse nunca más su miembro viril (y menos aún utilizarlo). Lamentable.
- El segundo tuvo un final laboral bastante triste y bochornoso. Todo aquello por lo que se jactaba durante años, se volvió en su contra. El “Chiringuito” se acabó repentinamente y acabó retratado y bastante ofuscado. Pero posiblemente lo más amargo le vendría después, cuando en algún momento reflexionara y llegara a la conclusión de lo poco o nada que había hecho en la vida. Su aportación al sistema y a su entorno cercano había ido mucho más allá de un comensalismo pasivo, resultando en ocasiones incluso doloso. A su vez, llevaba la “pobreza” marcada a fuego en una atroz envidia a todo el mundo, que posiblemente le acompañaría por siempre.
- El tercero se vio sumido en un envejecimiento prematuro, noches de sudores fríos y pesadillas. Su falta de lucha le había llevado a una vida bastante aburrida que además fue alimentada por una falta progresiva de protagonismo en un empleo al que se encontraba demasiado vinculado. Se encontró en una “fase de negación y de no aceptación” de todo de forma ininterrumpida. No entendía nada, pero su lucha había terminado porque nunca empezó.
La verdad que no los echaré de menos, pero con el paso del tiempo hay que decir que de cierta forma sí que fueron estimulantes para reactivar en mí ciertas capacidades que tenía adormecidas y estos personajes supusieron un revulsivo para evolucionar en la vida y no terminar acomodado en una existencia poco emocionante y estimulante.
Es un final digno de “La Zona Crepuscular”. No debe verse como un castigo, sino como un aprendizaje; una lección para todos ellos.
Sentirse bien con lo que realizaste y que además te lo reconozcan, significa que a lo que apenas diste importancia dejó gran impacto incluso en aquellos a los que trataban de desacreditarte. No cabe duda que siempre es mejor dejar allá donde vayas una buena versión de tí mismo. (“It feels so good – Se siente uno bien”) 😊
Procesando toda aquella información que me llegaba, me había quedado un poco absorto en mis pensamientos. Al final, mi amigo que seguía al otro lado del auricular me sacó de ese estado contemplativo con una frase contundente y definitiva, y me dijo “¡Eres leyenda Antonio! “.
Me quedé pensando por un instante… Pero, efectivamente, hay muchas formas de ser leyenda aunque no seas famoso, y entonces le respondí : “¡Pues si,… Soy leyenda!”. 😎
Fotografía: Zarateman
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